De tan ansiosa manera perdí la oportunidad, ya que no pude volver
hasta ayer.
Hacia las tres y media de la tarde me presenté en la orilla esperando
ver a los barbos en las mismas posturas que en semanas atrás, pero… algo había
cambiado, el caudal sensiblemente más alto y turbio y ningún signo de actividad
me hicieron sospechar que no sería una gran jornada. Sin embargo esto no me
desanimó, pues ya estoy más que acostumbrado a los repentinos cambios en el comportamiento
de este caprichoso pez.
Aún
debería andar bastantes metros hasta encontrarme con los primeros barbos, que recorrían
las someras y tranquilas aguas de un galacho abandonado por el río. Con sigilo
me acerqué lo más que pude para levantar en vuelo una falsa hormiga alada, que
delante de un barbo posó.
¿Ya vuelven las hormigas?, debió preguntarse aquel barbo mientras subía
a tomarla con total tranquilidad.
Con la satisfacción de la primera captura seguí caminando río arriba
encontrándome con más barbos que debieron preguntar lo mismo, tomando uno tras
otro hasta el ocaso el apetecible engaño y haciéndome más dulce el haberme
equivocado.


Muy buena pinta tiene el blog. Me lo apunto, lo seguiré.
ResponderEliminarSaludos de un vecino,
Muchas gracias Jorge. Aunque no prometo que las entradas sean muy frecuentes, sobre todo en los meses de invierno.
EliminarUn saludo "vecino" :)
¡Qué maravilla de río tenemos aquí al lado! Tengo la bilis por las nubes, no puede ser esto de estar toda la semana viendo a las hormigas tomar Zaragoza (ayer todavía se veían) y no poder ir a tentar a esos lingotes de oro con escamas. Me alegro por tu jornada, a ver si puedo imitarte pronto ;-) ¡Saludos!
ResponderEliminarPues si Jorge, un auténtico privilegio. A ver si puedes ir al río pronto, que sino te vas a poner enfermo ;). Y no te olvides de avisarme, que si puedo sabes que me apunto encantado.
Eliminar¡Cuidate!
Los barbos, tras una buena eclosión de hormigas con alas, se mantienen activos un buen número de días. Hay que tener en cuenta que no las van a comer todas el mismo día, muchas de ellas morirán cerca del río o embalse y sus cuerpos poco a poco irán a parar al agua, manteniendo activos a los barbos.
ResponderEliminarBienvenido a la blogosfera David, tiene buena pinta.
Un saludo
Así es Alfonso, por eso me extrañó en gran medida el llegar al río y no ver nada de actividad hasta las seis y media, los pocos barbos que pude ver las horas anteriores permanecían estáticos en el fondo de las corrientes, como en un estado de semiletargo. Supongo que con la caída del sol se confiaron algo más y empezaron a alimentarse.
EliminarPor cierto, bienvenido ¡Un saludo compañero!