Las provisionales balsas que se formaron en la ribera apenas son ya pequeños
charcos, los arbustos y matorrales que resistieron en los sotos comienzan a erguirse
de nuevo en busca de luz, el caudal ha bajado, y la turbidez de las aguas se
torna algo más clara para dejar ver por fin algunos cambios en el lecho. Se
abre así paso el nuevo orden tras un breve pero intenso caos.
Ahora… todo es diferente. Lo que antes eran profundos pozos, se han
convertido en playas de grava y someras corrientes, y al contrario en otras
zonas. Los efectos de la riada se hacen notar allá donde mire. Árboles
arrancados, grava suelta cubriendo los márgenes del río, desprendimientos,
nuevos taludes, restos de vegetación colgando de las ramas y un sinfín de rastros
que me invitan a olvidar gran parte de los lugares que conocía y, junto con el
ciclo de “mi río”, comenzar a descubrirlos de nuevo.
Sé que es un proceso natural y necesario para mantener la salud de nuestros ríos, y que los barbos están preparados para ello, pero me resulta imposible ignorar el sentimiento de preocupación que inunda mi mente, al que se suma la añoranza de algunos lugares que ocupan un lugar especial en mi memoria, y que ya no volverán a ser igual.
Por segunda
vez desde la crecida me aventuré ayer a recorrer “mi río”, en esta ocasión ataviado
con vadeador y el equipo de mosca, aunque la esperanza de encontrar algún barbo
al que lanzar mis moscas era escasa.
Al llegar a
la orilla no pude evitar, antes de nada, asomarme a sus aguas en busca de algún
signo de vida. Las aguas ya habían perdido su tono marrón y dejaban ver el
lecho de algunas zonas poco profundas, pero ningún barbo. Preparé el equipo y
comencé a caminar río arriba contemplando con cierta tristeza los mermados
bosques que captaban la atención de mi mirada, desviándola temporalmente del
cauce.
Al borde de
una corriente, cobijado detrás de una de las pocas algas que aún permanecen
ancladas al fondo, se dejó ver el primer barbo. Algo extraño ocurrió en ese
momento, en lugar de apresurarme a lanzar la mosca, me quedé absorto
contemplándolo, sin mover un solo músculo, durante un buen rato.
Me llamó la
atención de especial manera su comportamiento, con movimientos que parecían más
bien los de una trucha, desplazándose de lado a lado para capturar el escaso
alimento que transportaba la corriente. No es que nunca los hubiera visto así,
pero no con el agua tan fría, sin eclosión de ningún insecto y en las fechas en
las que estamos…
Lo normal
sería verlos rebuscando en el fondo, pero el torrente removió la grava y
arrastró el alimento dejando en su lugar cantos rodados limpios, que ofrecerán
estupendos frezaderos para la próxima primavera, pero que obligan a los barbos
a buscar sustento de otro modo.
Continuando mi camino durante un kilómetro más o menos, tan solo pude ver otros dos barbos que, alertados de lejos por los sueltos guijarros que se hundían bajo mis pies, huyeron sin darme tiempo a reaccionar.
De vuelta al
coche, y sabiendo que aún faltaba una hora para la puesta de sol, decidí andar unos
metros más hasta llegar a la última corriente accesible a pié desde esta zona.
Como si de
un regalo se tratase me sorprendió la escena de varios barbos que recorrían la
espuma arremolinada en un remanso, asomando una y otra vez sus hocicos fuera
del agua.
Tras varios
lances uno de ellos se decidió a tomar mi mosca, la pelea se extendió en el
tiempo mientras una y otra vez bajaba hasta lo más profundo del pozo. En su
insistencia acabó dañando el bajo, que partió, cuando ya parecía agotado, en un
último intento de escapar.
Tengo que
confesar, que aunque no llegase a sacar este barbo, fue la captura que más
satisfacción me ha ofrecido este año, no por su lucha ni por su tamaño, sino
por darme la esperanza de poder seguir disfrutando unos días más de esta
temporada.





Tranquilo amigo. Estos peces están acostumbrados a este tipo de contratiempos. Más problemático hubiera sido una acción del hombre.
ResponderEliminarLos ríos están vivos y modifican sus cauces. Además, como una vez me dijo un amigo limnólogo, las riadas y las sequías son necesarias para la salud de un río.
En cuanto los peces se adapten al nuevo río, volverás a pescarlos con normalidad.
Un saludo
Cierto Alfonso. Son peces muy duros y buscarán nuevos lugares en los que alimentarse, y a mi me tocará descubrir esos lugares.
EliminarDe hecho la riada era totalmente necesaria para limpiar el lecho colmatado y acondicionar frezaderos para el año que viene, pero en el fondo, son inevitables ciertos sentimientos encontrados.
¡Un saludo!
Una entrada magnífica!! Una fotos preciosas!!
ResponderEliminarLos rios cambian constantemente y esa es la vida del rio.
Un saludo!!!!
Gracias! y así tenemos que asumirlo y respetarlo para poder seguir teniendo ríos llenos de vida.
Eliminar¡Un saludo!
Esto le viene de perlas al río. Ahora firmaba yo por una buena riada (quizá no tanto como ésta) cada año para limpiar el cauce y las riberas. Seguro que muchos ejemplares no lo han superado, pero los supervivientes estarán sin duda mucho más preparados frente a eventos de este tipo y garantizan el futuro de la especie.
ResponderEliminarComo dices, el año que viene toca investigar el río, que ha pegado un buen cambio. ¡Así no hay manera de aburrirse!
Saludos compañero
¡Yo me apunto también a firmar!. La verdad es que el río lo pedía a gritos después de unos cuantos años sin variación de caudal.
EliminarTocará explorar antes de la primavera, aprobechando que el agua baja limpia y se puede ver el fondo, luego... es cuestión de recordar los pasos.
Y a mi tampoco me va a venir mal el cambio, aunque el río siempre te sorprende con algo nuevo, he de reconocer que ha habido días que la pesca ha sido sistemática, barbos siempre en los mismos lugares, mismas formas de alimentarse, mismas moscas... y vuelves a casa con cierta sensación de vacío, como si la última jornada tan solo fuese un recuerdo de la anterior.
Hola David!
ResponderEliminarMe acerqué hace ya unos días, también... Después de la riada del 21 de octubre... Increíble como ha cambiado el escenario. Simplemente por donde fuimos abajo se ha formado una poceta bastante maja. Y en otros lugares un montón de grava por las orillas. Prácticamente ni hice ningún lance porque el agua estaba turbísima, y eso que hacía ya días que no llovía, y no era capaz de localizar nada (tampoco vi saltar ningún pez, y si a seca sé pescar poco a ninfa menos, que escupen antes de que me dé cuenta).
El dato más positivo debe de ser toda la limpia que ha hecho de todas las algas esas que ya eran una plaga (además acuérdate lo que me contaste de la plaga de mosca negra que hacía impracticable la pesca en este asfixiante verano que todos hemos sufrido). Seguro que la salud del río ha experimentado un cambio a mejor que deparará todavía mejores Y MÁS FUERTES ejemplares, si cabe, en los próximos años. O eso creo.
Larga vida a los ríos,
saludos!
sergio
pd (También los bosques este año han vuelto a ser bosques, una capa de setas impensable con respecto al nivel de los últimos años que volverá a hacer que el bosque, en conjunto, sea un SER VIVO mucho más sano y fuerte) ya que éstas facilitan la descomposición de la flora muerta. En una palabra: REGENERACIÓN.
¡Hola Sergio!.
EliminarNo es de extrañar que con el agua turbia y después de la riada no vieras ningún pez. Ahora nos queda una larga temporada en la que se verán muy pocos, o ninguno en alguna jornada. Pero paciencia, poco a poco irán subiendo y retomando sus posturas, para la primaverá volverán a estar ahí.
En la parte baja del tramo en el que compartimos jornada es el lugar de la fotografía, donde conseguí clavar el barbo. No sé cuánto cubrirá, pero la poza que se ha formado ahí, a la que haces referencia, es muy profunda, en sus carreras me sacaba bastante línea en dirección al fondo.
En realidad el temporal y la riada han sido muy positivos para el medio natural. Quizás no tanto para el Hombre, una vez más se nos recuerda con esto que debemos ser nosotros quienes nos adaptemos al medio, y no al contrario.
¡Un saludo!
Que buenas son esas fotos con esos barbos, que bién.
ResponderEliminarSaludos
www.romanillosamosca.com
Gracias David.
ResponderEliminarLa verdad es que es un privilegio tener algo así tan cerca de casa y con unos barbos preciosos y de buen tamaño, te invita a disfrutar tanto de la pesca como de la fotografía.
¡Un saludo!
Por casualidad he descubierto tu magnífica página y nada más ver el rio lo he identificado....!En él cogí mis primeros peces hace más de 40 años!!, y primera trucha mucho más arriba. Alguna vez voy a tentarlos a mosca por los mismos sitios que vosotros... son peces difíciles... me alegro de que haya mosqueros que se acerquen al barbo... son placeres que para muchos estan por descubrir!!! Un saludo y gracias por el buén rato que nos das.
ResponderEliminarBienvenido! Me alegra ver por aquí a otro mosquero que frecuenta este río en busca de sus magníficos barbos. Si que es cierto que son difíciles, pero eso hace que su pesca a mosca sea más atractiva, y la satisfacción es mayor cuando consigues engañarlos. Espero que podamos coincidir algún día por este precioso escenario y compartir estos placeres que nosotros sí hemos tenido la suerte de descubrir.
EliminarGracias a tí por comentar. ¡Un saludo!
Seguro que sí. Nos veremos alguna tarde por ahí disfrutando de la soledad que nos proporciona un lugar tan bonito y accesible. Será un placer compartir experiencias con gente sensible y amante del entorno y la pesca. Saludos a todos.
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